El museo operaba sin un sistema de señalética coherente desde su ampliación. Los visitantes se perdían, los guardias pasaban horas orientando personas y la experiencia de recorrido quedaba fragmentada. El proyecto tenía que resolver todo eso.
El sistema de wayfinding parte de la grilla arquitectónica del edificio y la extiende al plano gráfico. Los colores por sala crean un código intuitivo; la tipografía fue elegida por su legibilidad en condiciones de iluminación variable y a distancia.
Se diseñaron más de 60 piezas distintas: desde señales de piso y colgantes hasta etiquetas de obra, mapas de planta y señalética exterior.